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GRAN CANARIA | LAS PALMAS DE GC | OPINIÓN
Domingo, 27 de Octubre de 2019 a las 17:20 horas
El quilombo judicial del Gobierno (1)
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José Fco. Fernández Belda
ingeniero industrial y graduado social
La retransmisión de la exhumación y posterior inhumación de Franco, fue un espectáculo vergonzoso, macabro, sectario y electoralista, tanto que hasta Podemos lo tilda así. Convendría recordar para no olvidar lo fiable que puede ser la palabra de una ministra socialista, dicho en todas sus acepciones, que la indómita y parlanchina Carmen Calvo, la nacida en el pueblo de Cabra bombardeado por los frentepopulistas para más INRI, aseguró que no habría cámaras de Televisión y sería un acto muy discreto. Fue tan discreto que había tropecientos periodistas y un despliegue inusual de TVE para cubrir en directo el show electoral, con tintes de culebrón venezolano.

Durante la retransmisión, uno de los periodistas dijo que la intervención en el Valle de los Caídos y en Mingorrubio se hacía tras un acuerdo de los tres poderes gubernamentales. Pocos minutos después, vendría la rectificación: los tres poderes del Estado, no del Gobierno y que son el judicial, el legislativo y el ejecutivo. Pero recordando que ya Alfonso Guerra, el poderoso vicepresidente obligado a dimitir por la corrupción socialista en la persona de “mi henmano”, había sentenciado que en la España felipista Montesquieu había muerto, cabe la duda de si fue un error involuntario o una cuña introducida por el soviet social-podemita que mora en TVE para la agitprop actual.

Viendo la concatenación de sentencias y no sentencias judiciales en los últimos tiempos, que resultan además de poco edificantes y ejemplarizantes, incomprensibles si no se introduce la idea de que ya no existe la separación e independencia de los tres poderes de marras, que han sido subsumidos por el partido en el poder, que no es exactamente lo mismo que un gobierno para todos los españoles. En resumen, parece haberse transformado el estado en un quilombo, al mejor estilo totalitario, con su fundamentación teórica en la insólita y pretenciosa Ley de Memoria Histórica.

Desde hace algún tiempo, me llegan a mi buzón de email mensajes con cortes de programas de televisión, unos llamados “El quilombo”, creo que de PD, y otros emitidos por RNE-3, “El gran quilombo”. Se pueden ver en Internet, si alguien tiene ganas de oír pataletas y paletadas. Pero reconozco que hace unos días me pudo la curiosidad y busqué en el DRAE el significado de tal palabro. No es un término usado en España, pero sí muy extendido en Sudamérica, con distintas acepciones epatantes: “Lugar al que asisten hombres para contratar los servicios de prostitutas”, “situación en la que predomina el desorden y el ruido” o “situación o asunto confuso, problemático o difícil de resolver”. En el más que hipotético caso de que fuera invitado a intervenir en uno de esos programas, me plantearía acudir a un quilombo y que me llamaran, sin anestesia, putero. Por no irritar a las de la ideología de género, no quiero ni pensar cómo llamarían a una periodista que osara ir a tales espacios mediáticos y sus ramificaciones en redes sociales.

Sin la menor sombra de duda, el poder legislativo y el ejecutivo, con el actual sistema político son indiferenciables, ni legislan ni gobiernan para todos sino para los suyos. Pero lo tremendo es que a este binomio se ha sumado el poder judicial y han formado un trío muy bien avenido. Mucho tiempo y teatrillo han tenido para consumar este totalitarismo, pero ya es indisimulable. Esta pulsión es común a todos los partidos, no sólo a la izquierda social o comunista totalitaria. Conviene recordar cuando Gallardón proclamó en el Parlamento que “conviene acabar con el obsceno espectáculo de ver como los políticos nombran a los jueces que después han de juzgarles”. Eso dijo pomposamente, tal vez se lo creía, pero después Rajoy y Rubalcaba llegaron al acuerdo de hacer justo lo contrario. Creo que llamaron política de estado el repartirse los nombramientos.

Los asuntos que nos tienen asombrados en el terreno político-judicial son muchos, por lo que en una segunda parte de este artículo, con su tolerancia, intentaré comentar algunos de este quilombo.
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