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Jueves, 9 de Febrero de 2017 a las 09:27 horas
Nadie habla del culto o ritos de los guanches
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Fernando Báez
Fernando Báez es párroco de Medianías y Cumbre de Telde
Nadie habla del culto o ritos de los guanches, pero todos dicen todos los yacimientos, ya sean lo que sean, todo es sagrado, ¡que no es cierto! Lo cierto y verdadero es que los guanches expresaban su fe y amor a Dios, con mucho respeto y total confianza, pues así lo trajeron del cristianismo, de donde procedían religiosamente hablando, y lo mantuvieron con gran devoción, pues sin Dios no hacían nada y todos en sus casas tenían sus cazoletas para el culto divino individual o familiar, más esos otros lugares comunes, al igual que nosotros y lo que siempre ha sido durante más de veinte siglos, pues sabían a Dios supremo, y excelente, perfecto y con derecho a ser amado y dependían de Él, sabían Dios lo tiene todo y de Él esperaban cuanto necesitaban o tenían, y de Él lo recibían con acción de gracias (o Misas, a su estilo propio), y esa religiosidad la heredamos los guanches del presente, aunque va de retirada por parte de los que todo lo ven divino y sagrado si se refiere a los guanches, pero no les imitan.

Que los guanches -de entonces y ahora-, acudían a Dios (a Acorán), en sus necesidades, ya fuera la lluvia para paliar el hambre, o cualquier otra, y se hacían acompañar de las cabras y sus bayfos, ovejas y corderos, cuyos balidos se unían en la misma petición que ellos, dejando a éstas -y a sus crías- algunos días sin comer para el rito o ceremonia, y de ahí los conocidos baladeros (en Telde y otros lugares), creyendo ciegamente Dios les oía o escuchaba, y les atendían en sus necesidades, y no les faltaban altares donde sus sacrificios, reminiscencias del cristianismo recibido con anterioridad todo ello, rogativas que al presente todavía se siguen haciendo, si bien con elementos y fórmulas distintas; teniendo como nosotros en torno a nuestros altares, en los de ellos -en lugares altos- la danza venida del judaísmo, los cantos de todas las Misas solemnes, y terminaban -como nosotros en nuestras fiestas religiosas- con manifestaciones festivas como eran la lucha y otros ejercicios de entretenimientos festivos, mezclado todo ello con la devoción al que vive en el Cielo -que es como denominaban a Dios- y que escucha a los que están en la tierra, y al que adoraban con gran amor, pues creían Dios bajaba hasta ellos y sus ofrendas, que consistían mayoritariamente de leche, a la que solían unir también la manteca, sin que faltaran templos con compartimentos bien definidos para el culto y estadía del sacerdote y la asamblea -común en el cristianismo-, y tenían cuales sagrarios lugares reservados para la adoración, adaptación del cristianismo a un medio distinto y distante en el tiempo y lugar, y a modo y semejanza de los sacerdotes -y fieles- en Misa, también levantaban sus manos alzadas al cielo, y sustituían cálices y patenas por delicadas piezas de cerámica de solo y exclusivo uso religioso, y siempre estos lugares sagrados o templos los hacían en montañas altas significando así la cercanía a Dios, al Cielo.

Si dejamos entrever el sacerdocio guanche o faycanes, no estaban lejos aquellas mujeres consagradas a Dios, religiosas o monjas guanches llamadas harimaguadas, que también tomaban parte en estos ritos y ceremonias, como les era lo más propio por consagradas solo a Dios (y a la formación de las chicas, a las que inculcaban la devoción, piedad o religiosidad que luego transmitían a su prole y casa). No se olvide que, en casos de gravedad, y la mayor era la falta de lluvia, hasta los animales “rezaban” con ellos uniendo sus balidos de hambre, pues a tal fin no les daban de comer, ni a ellos ni a sus crías (encerradas en goros [círculos de piedras, techados con lajas]), que balaban o “rezaban”, hasta que Dios les mandaba el agua, redoblando sus ritos si ésta tardaba en llegar.

El Padre Báez, que les muestra el paralelismo de un culto cristiano, que calcado por los guanches, hacían lo mismo que la Iglesia durante toda su Historia, si bien los guanches, quedaron como al margen, pero fielmente seguían con lo recibido y que adaptaron al lugar de forma y manera magistral, conservando la esencia de ritos, ceremonias, devoción, etc., y como veremos en la próxima entrega, cómo mantuvieron durante todo el tiempo de aislamiento el sacramento del bautismo, entre otros (por ejemplo el del matrimonio, con fidelidad al mismo).

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