Opinión
Michael A. Galascio Sánchez (*)
• Dad a un hombre el gusto de lo intelectual, lo espiritual y lo moral y le habréis hecho feliz. Ya lo dijo el poeta latino Ovidio: "Emollit mores, nec sinil esse feros". “La lectura mejora la conducta de los hombres y les impide obrar como si fuesen bárbaros”
Santa Teresa de Jesús, la gran escritora mística española decía: “lee y conducirás, no leas y serás conducido. Ciertamente, su frase está cargada de razón. Varios siglos más tarde y en otro continente, Thomas Jefferson, decía algo similar, “ningún país o grupo puede ser libre e ignorante a la vez. O se es libre, o estúpido e ignorante.” Y es que, la lectura es un factor vital para evitar caer en las despiadadas garras de la estupidez y convertirnos en siervos de los gobernantes y gurús contemporáneos.
Hace unas semanas estuve observando la lista de libros más vendidos y para mi sorpresa, las novelas superan los libros de no-ficción en mayor porcentaje de lo acostumbrado. Considero que esta es una desafortunada tendencia para la sociedad actual, porque el lector de un libro serio ha de mantener su mente activa, mientras que el lector de novelas corre el riesgo de convertirse en receptor pasivo y aceptar, tal como se desarrollan, los hechos y pensamientos de los protagonistas. Aunque en honor a la verdad, éste razonamiento dependerá de varios factores muy particulares como: quién lee, su experiencia, formación, edad, capacidad de discernir, capacidad intelectual y otros. Hay personas que no serán fácilmente influenciadas por las novelas. Por ésta razón, Sir Francis Bacon, explicaba que “la lectura hace al hombre completo; la conversación, ágil, y el escribir, preciso”. Claro que, se trata del hombre que aprovecha lo mejor de lo que se le ofrece.
Es interesante comparar los comentarios sobre las nuevas publicaciones en los suplementos de El País o El Mundo con las revistas de libros de muchos otros periódicos europeos. No existe una diferencia marcada. La tendencia es global. Por otro lado, he contado las novelas mencionadas en la crítica literaria de un periódico norteamericano de gran tirada y he hallado que se citaban alrededor de veinticinco en una sola edición. En cambio, sólo se mencionaban tres libros serios. No deseo que se malinterprete mi observación, la novela, tiene su valor y en ocasiones, plantea problemas de naturaleza económica, social o moral trascendente, mucho más precisa y cabalmente que los abstractos escritos de no-ficción. De hecho, existen grandes novelas clásicas que son dignas de estudios profundos, cuya validez no se ha visto afectada con el transcurrir del tiempo. Por otro lado, ciertas “lecturas serias”, tampoco representan una garantía, ya que en algunas investigaciones científicas, revistas de divulgación y estudios sociológicos y epidemiológicos, hay mucha más fantasía que en las mismas novelas.
En éste sentido, concuerdo con el sacerdote español, Jaime Luciano Balmes cuando manifiesta que “la lectura es como el alimento; el provecho no está en proporción de lo que se come, sino de lo que se digiere”. F. Sheen, en ésta misma línea, expresaba que “el estómago puede padecer indigestiones y la mente también. Si se vierten en ella demasiadas ideas y los jugos del intelecto no bastan para absorberlas, la consecuencia es un estreñimiento literario”. John Milton señaló que uno puede ser “muy versado en los libros y a la vez muy superficial”, “pues la lectura no da al hombre sabiduría; le da conocimientos”, como muy bien afirmaba William Somerset Maugham.
Recientemente, he conversado con profesionales de diversas áreas del conocimiento científico que se envanecen de sus muchas lecturas y he advertido cómo muchos creen haber leído más de lo que en realidad afirman. Hay un mundo de diferencia entre una mente que posee miles de fragmentos de información no relacionada e inconexa y una mente que es como un organismo en que cada hecho o verdad se relaciona funcionalmente con todas las otras verdades, lo mismo que el corazón humano se relaciona con las extremidades del cuerpo. El más sabio de los hombres puede leer una filosofía de la vida, del mismo modo en que devora una filosofía de la salud o ecología. La basura mental debe ser tan escrupulosamente evitada por el lector como la otra basura que escuchamos en la radio o brota de los labios de algunos. En cambio, ciertas lecturas severas, como las obras de Platón, Aristófanes, Petronio, Santo Tomás de Aquino, Giovanni Papini, Arnold Toynbee y las reflexiones de Marco Aurelio entran como noble metal en la sangre y el cerebro, dándoles fuerza y consistencia.
Por otro lado, la facilidad con que hoy podemos procurarnos lecturas puede contribuir a fomentar los gustos inferiores. Según F. Sheen, “los que buscaban filosofía en los días de Aristóteles, poesía en los de Dante Alighieri, metafísica en los de Abelardo y ciencia sagrada cuando los monasterios encerraban todos los tesoros de la sabiduría, no ahorraban esfuerzo alguno para absorber cultura”. Pero hoy, con lectura accesible y fácil en todos los establecimientos y en todos los estancos, la discriminación ha decrecido en razón directa con la facilidad de hallar lecturas. De ahí, Mao Tse-Tung, enunciaba que “leer demasiados libros es peligroso”, independientemente de que como estadista, tuviese unos motivos ocultos para predicar esto.
De acuerdo con F. Sheen, “tras algún tiempo, la lectura inútil debilita la mente más que la refuerza y se convierte en una excusa para adormecer el cerebro. Los pensamientos se vierten sobre ella como la crema de chocolate sobre un helado. La mente se torna como un reloj de arena por el que pasan las ideas como nudos granos, sin dejar nada.”
El hombre del siglo XXI tiene más tiempo libre, y no sabe administrarlo. Nuestra educación acierta al prepararnos para ganarnos la vida, para especializarnos en algo, y esto de la especialización es criminal. Pero la educación no debe olvidar que, si el hombre tiene más horas de ocio que de trabajo, ha de enseñársele a emplear ese descanso. Dad a un hombre el gusto de lo intelectual, lo espiritual y lo moral y le habréis hecho feliz. Ya lo dijo el poeta latino Ovidio: "Emollit mores, nec sinil esse feros". “La lectura mejora la conducta de los hombres y les impide obrar como si fuesen bárbaros”.
Por último, la finalidad de ésta reflexión es que cada cuál se abrace a la lectura, ya que en términos generales, es muy positiva, pero háganlo con la debida precaución, filtrando, sin dar nada por hecho, dudando, cuestionando e investigando los hechos e imágenes que nos ofrecen. Con la lectura se puede viajar, ir a lugares que jamás hemos visto, conocer personajes impensables dentro de nuestros esquemas y manejar conceptos que nos pueden abrir las puertas para mejorar nuestras condiciones de vida. Por otro lado, Jacinto Benavente, señalaba “no hay ninguna lectura peligrosa. El mal no entra nunca por la inteligencia cuando el corazón está sano”.
(*) Licenciado en Ciencias Políticas, doctorando en Psicología de la Salud y Clínica