OPINIÓN Página 6

La silenciosa muerte de nuestro hospital


Cuando en esta ciudad se habla de un hospital, la mayor parte de sus habitantes, traen a su mente, el antiguo e inexistente Hospital de San Pedro Mártir de Verona, en cuyo solar se levantó a principios de la década de los sesenta del pasado siglo el mamotreto que alberga el Centro de Salud de la Seguridad Social , tan denostado físicamente como necesario y cien veces bien ponderado desde el punto de vista asistencial. Pero otros muchos recuerdan la larga historia de otro inmueble de parecida denominación, esta vez Hospital de San Pedro Mártir y Santa Rosalía, que el tiempo gran vengador de nuestras vidas, mutó en Hogar Infantil de Santa Rosalía.

 

Para los no avezados, reseñaremos aquí que tal centro de acogida de menores es una muy notable construcción de estilo neocanario, que el Cabildo Insular de Gran Canaria, realizó en tiempos de su presidente D. Juan Pulido Castro y que inauguraría el hoy senador D. José Macías Santana, en aquel entonces y por un brevísimo tiempo, presidente accidental del Gobierno Insular. Las obras fueron llevadas a cabo por la empresa Pérez Moreno S.L., bajo la atenta supervisión de Pulido Castro, que cada domingo después de misa giraba su inspectora visita a las obras, procurando en todo momento que los materiales empleados fueran de primerísima calidad. Esta máxima, aún hoy y, a pesar del mal trato recibido, se puede constatar pues la cantería de Arucas y la carpintería de tea y riga siguen resistiendo las inclemencias del tiempo.

 

No sabemos quien está marcando los pasos, y ni siquiera nos consta a ciencia cierta si alguien se preocupa del tema, pero la triste realidad habla por sí misma. Hace años, ya hemos perdido la memoria de cuantos, que el esbelto y otrora ejemplar centro no recibe la atención debida. Su fachada es la más evidente imagen del abandono, ya que ni la pintura en sus paramentos, ni el barniz en sus labores de cantería – puertas, ventanas y extraordinarios balcones - se han hecho presentes.

 

¿Quién o quienes son responsables de tal desidia? ¿El Cabildo? ¿El Ayuntamiento? ¿ La Sociedad Científica El Museo Canario? ¿Todos los teldenses? De ellos se podrá decir dentro de muy poco tiempo. Nadie fue el culpable, pues el solito se murió. Y esto no es cierto. En mayor o menor medida todas las instituciones y todos los ciudadanos somos culpables, en mayor o menor grado, del estado perentorio en que se mueve una de las instituciones más señeras de la actividad sociosanitaria de esta “Gran” Ciudad.

 

Si el doctor D. Gregorio Chil y Naranjo, viera en que se ha convertido una de sus fundaciones testamentarias más queridas, seguramente se arrepentiría una y mil veces de haber obrado con tan altruista generosidad.

 

 

Busto del doctor Gregorio Chil y Naranjo, ubicado en la plaza de San Juan, Telde. Cedió su casa materna para ubicar en él el Hospital de Santa Rosalía.

Hablamos de un hijo de Telde, médico, antropólogo y arqueólogo, de reconocidísima trayectoria vital. Verdadero alma pater de la Sociedad Científica El Museo Canario. Pues bien, la casa materna, aquella de amplios salones y bellísimo corredor acristalado sobre una espléndida huerta-jardín, fue el lugar escogido para refundar el hospital que el centralismo capitalino, ayudado por los gobiernos liberales de mitad del siglo XIX, habían sustraído a la ciudad en aras de engordar las arcas del también hospital de San Martín de Las Palmas de Gran Canaria. A principios del siglo XX fueron muchos los teldenses que agradecieron póstumamente a este preclaro prócer el haber atendido los lamentos de sus paisanos al dejar parte de su herencia a tan noble fin.

 

Tres partes, a veces bien avenidas y otras tantas sólo diplomáticamente coexistentes, están detrás del “negocio”. Por un lado la Sociedad Científica El Museo Canario, que se sabe destinataria última de ese bien tan preciado, si al Cabildo y al Ayuntamiento se les ocurriera ¡ que ya se les ha ocurrido más de una vez! dar al traste con la labor sociosanitaria que se viene ejerciendo en el inmueble. El Ayuntamiento que cree poder negociar la liquidación, teniendo parte de un botín más que codiciado, y el Cabildo que sólo con “quitarse de encima” dicha rémora, supondría un gran alivio.

 

Los teldenses, al menos algunos, nos preguntamos: ¿Por qué se ha llegado a tal grado de deterioro de una institución tan necesaria como ejemplar, que no hace muchos años era el orgullo de Gran Canaria en general y de Telde en particular? A esto podríamos contestar que una ¿acertada? política de trasvase a pisos tutelados, ha dejado casi sin niños el magno centro. No vamos a discutir aquí y ahora si se hizo lo correcto o no. Unos estaremos en desacuerdo y otros de acuerdo, y todos tendremos cientos de razones que avalen una u otra posición, pero lo que no es de recibo es la desidia, el abandono, el olvido que año tras año mantiene en un cada vez peor estado un edificio señero y digno de todo cuidado.

 

La ciudad de Telde, ahora con más de 100.000 habitantes, carece de centros de acogida para toda clase de ciudadanos foráneos o no. No tenemos centros que acojan durante el día a muchas personas con graves problemas psíquicos y físicos. Y aún más, nuestros mayores deben esperar meses cuando no años a que se les admita en el macro centro de Taliarte, pues es el único de índole público con que cuenta la comarca.

 

Una petición, más que razonable, porqué no se reúnen todas las partes y llegan a un acuerdo de gestión que haga sobrevivir la excelente idea de su fundador Chil y Naranjo. Multitud de usos sociosanitarios se nos antojan que pueden encontrar allí su acomodo, aunque somos de la opinión que un hogar para los mayores, sería lo más apropiado. Estos encontrarían en la calle Licenciado Calderín, en el parque de Santa Rosalía, en el Rincón Plácido Fleitas, en la Alameda y Plaza de San Juan, y en tantos otros lugares, los espacios vitales que elevarían, sin duda alguna su calidad de vida, en los años más difíciles de cualquier ser humano.

 

Mientras tanto, una petición a manera de exigencia. Señores rectores del Cabildo de Gran Canaria y del M.I. Ayuntamiento de esta ciudad, los ciudadanos de Telde, al menos el que esto escribe, quiere ver la fachada del Hogar Infantil de San Pedro Mártir y Santa Rosalía, al menos con la misma prestancia que esas dos corporaciones le conceden con dinero público a la Iglesia Católica y a sociedades recreativas, asociaciones de vecinos y cientos de particulares, ya que todas ellas se benefician del continuo cuidado a través de la pintura y el barnizado de sus edificios.