ESPECIAL FIESTAS DE SAN JUAN Página 14

Pedro Santana, pintor

La memoria nonagenaria
que no olvida


 

Pedro Santana Estévez, una sonrisa campechana inherente al barrio de San Juan de Telde.

Antonio Muñoz


Es un símbolo de la frescura mental. Un auténtico prodigio capaz de rememorar sucesos, situaciones y cualquier avatar de tiempo inmemorial cuando ya cuenta con 92 años de edad. ¡Qué asombro! .Don Pedro, como así le llaman sus convecinos, no piensa mucho cuando se le pregunta sobre hechos o acontecimientos lejanos en el tiempo. Al contrario, no pestañea a la hora de responder. Parece que todo ocurrió ayer mismo. Una locomotora digna de encomio.

 

Pedro Santana Estévez, don Pedro, personaje al que nos referimos, es natural de Telde, del barrio de San Francisco donde nació el 1 de junio de 1917, uno de los cuatro varones de una familia compuesta por seis hermanos, en el seno de una familia muy humilde.

 

Tuvo un crecer infantil lleno de dificultades propias de la época. Por tanto sus estudios desarrollados en la Escuela del Rey apenas supusieron algo en su formación. Con apenas unos nueve o diez años una fatalidad familiar, la ceguera de su padre, le obliga a cambiar el rumbo y comenzar a trabajar para llevar el necesario sustento a sus familiares. Uno de tantos almacenes de tomate marcará su vida infantil y juvenil hasta que lo llaman a filas. La contienda civil española se lleva a don Pedro para Melilla unos tres años y luego otros tres en tierra canaria.

 

Una vez terminado el cuartel, como así se pronunciaba antiguamente, este hombre pasa del tomate a la brocha, y se convierte en pintor profesional. Ejercerá su vocación y lo que más le gusta durante varias décadas. Lo hace tan bien que es solicitado para diferentes trabajos. Casó con Rosario Estévez y fruto de ello nacieron cinco hijos. Con esfuerzo y sudor los sacó adelante, constantemente dándole a la brocha.

 

Este hombre, por el que da la impresión de que no han pasado noventa años a tenor de su lucidez y memoria, ha vivido en San Francisco, Caserones y por último en la calle de don Esteban, en el corazón de San Juan, en una casa canaria curiosa, en la que cuida un pequeño jardín digno de ser visto: tan corto y tan variado como atractivo.

 

 

El pintor Pedro Santana, en su vivienda de San Juan .

Allí, a la vera de la entrada del inmueble habla de las vivencias de casi un siglo de existencia. Se habla del antaño sanjuanero teldense, de las bondades de las fiestas, del contenido sano del rancho de gente que se divertía de lo lindo, de los asaderos de piña que eran sustraídas sin causar destrozos. Cuando habla de los fastos de San Juan confiesa que le gustaba todo, “varios días de jolgorio, de bailes de taifa, uno era pobre, ganaba sólo para comer, pero pasaba buenos ratos”. No le gusta la fiesta de hoy, porque la juventud, es más irresponsable, “más pirata y golfa, si bien también hay gente aprovechable, desde luego”.

 

Don Pedro Santana evoca a muchos alcaldes de la época, pero no opina sobre quién o quienes lo han hecho mejor. La política, se desprende, no es lo suyo, y por tanto permanece discreto. Así no ofende a nadie. Ahora, si está caliente porque en San Juan “no hay un vater para hacer las necesidades, eso si que no está bien, caramba”. Por el contrario, si está contento con la remodelación de las torres y la Plaza , “ya usted ve, eso si me ha agradado”.

 

Piensa no obstante que San Juan está muerto. “Sólo queda una parte del ayuntamiento, el ambulatorio, los cafetines, y pare usted de contar. Aquí no hay más vida, esto se muere poco a poco”.

 

La salud del pintor, de Pedro el pintor, como le llaman cariñosamente otros, siempre ha sido de hierro, perfecta, solo tuvo un achaque hace años, pero don Antonio Monroy se la curó. Por lo demás, a sus 92 años, está sano como un roble, come bien, delgado pero fuerte, fresco y sonriente siempre. Y así lo dejamos, con sus plantas, su casita curiosilla y sus cosas… y nos despide con la misma sonrisa que nos brindó cuando le saludamos al principio. Una sonrisa nonagenaria, repleta de un enorme y sentido calor.